Let it roll

Tiembla la duda en mi pecho
de si esquivar otro quizá
o dejarme atravesar por la bala.

Duermo desnuda
cuando me ahoga el miedo
al adivinar el contorno de otro golpe
y no encuentro las palabras
que deshagan este caos.

Hasta el roce de una pluma
podría incendiar mis cicatrices
pero las alas me piden pista
cuando juego a imaginarme
que podría haber calma en otros labios.

Cara y me arriesgo,
digo con los clavos ya preparados.
Cruz y me marcho,
digo sabiendo que jamás buscaré una moneda.

DomXIV

Se acumula la melancolía
en el nudo de llanto
que aún no he deshecho y
no es cosa del frío
sin brazos
ni del domingo
sin cama,

son ausencias vívidas
recuerdos
dudas
otro quizá pasando de largo
mientras me hago la fuerte
y finjo que no me deshice
bajo la lluvia de anoche.

Ojalá bastase la poesía
para olvidar los golpes.
Ojalá bastase un verso
para limpiar toda la sangre.

22

“en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas”

-Alejandra Pizarnik

Esta piel acostumbrada a los golpes y
alimentada con sangre,
ya no espera cariño que le arrope
cuando hasta las noches de estío
se vuelven glaciares.

Ni alas
ni vuelo;
solo la falsa esperanza
de que un día todo cambie
y aquellos ojos miren
y mis manos no tiemblen
y en mi cabeza no griten demonios.

Siempre entre el miedo al adiós
y el daño de alimentarme con migajas
coleccionando flores muertas
que jamás adornarán mi nicho.

Qué sentido.

Qué todo.

Qué nada.

La única verdad
habita en la poesía
pero nunca sé cuál de mis yos
es el que toma la palabra
cuando parezco acertar en la diana
y el rebaño por fin me acepta.

Invisible sun

Habita un cuervo
donde quisieron nacer lirios
y ahora solo hay desierto
en el jardín de la nada.

No hay razón para una tregua
cuando has acariciado el dolor
de jugarte un par de besos
con la muerte.

Qué sentido tendría
bailar al son de una danza
que aprendí a fingir en casa
cuando los coágulos de sangre
muestran donde habita el miedo.

Pétalos de rosa
bajo colchones de moho
no alivian el daño.

¿Por qué intentarlo?

Otro título de mierda

La pureza de su blancura
me invita a mancillarlo todo:
déjate llevar por la ira
o llora a tus esperanzas muertas;
grita ante el temor de viejos golpes
o inúndalo todo con lascivia.

Te ofrezco el mundo entero,
así que, dime,
¿de qué tienes miedo?

Acaricio sus bordes en busca de inspiración
y se clavan en mí las esquinas puntiagudas:
sangra,
me digo,
deja que sangre,
reabre la herida…

Escribe algo.

Quisiera ensalzar el aroma de los lirios,
pero en mis manos nacen ya marchitos.
Quisiera plasmar el dulce trino del gorrión,
pero mis oídos solo captan agónicos graznidos.

Manchas azules y rojas invaden la superficie
en desteñidos tonos
a causa del mar salado con el que baño al folio
porque nunca responde
lo que quiero escuchar,
porque nunca contiene
lo que desearía oír.

Manchas azules y rojas invaden la superficie
pero el folio sigue en blanco
porque lo escrito aquí
nunca dirá nada.

Nimiedades

Para Santi

Siento que me asfixio en mitad de una nada de asfalto
y cargo con un tanque de oxígeno
que solo funciona si me ahogo en mares conocidos.
¿Qué sabes tú del sufrimiento?

No puedo ser el venado herido de Frida
ni transformar en ave la jaula de Alejandra.
No puedo.
No debo.
¿Acaso alguna vez te has desangrado?

El folio en blanco lacera mi alma;
es la tinta quien me hace llorar.
¿No era tu sueño?
Te empeñas en transformar todo en pesadilla.
¿No era tu escudo?
Te empeñas en izar la bandera de la cobardía.

La no salvación de la poesía

Me descompongo en lágrimas que no quiero verter
mientras alzo la pluma con la que desearía decapitarme.
¿Cómo vieron un don en los ojos del parásito?
La escritura se alimenta de mis anhelos.
¿Quién designó este castigo?
Ni siquiera la luna escucha ya mis lamentos.

El verso: insuficiente.
La imaginación: escasa.
El gozo: efímero.
La hoja: afilada
y yo he vuelto a cortarme.

Se han disparado las señales de alarma
y alguien
-yo-
cortocircuitó mi alma.

Lo siento,
pero no me cabe más incomprensión en el pecho
y ni siquiera el néctar de otros versos
calma la sed de esta creciente apatía.

Golpéame con todo el amor que guardas dentro o
déjame languidecer en este prematuro invierno,
pero no deshagas los témpanos con la calidez de tus manos
ni intentes moldear un mar en calma con los bloques de hielo.

Te lo suplico.

No suavices el dolor
ni riegues mis oídos con falsas alabanzas:
no hay futuro en lo que me destruye;
no nace vida en los surcos regados con poemas.

F r u s t r a c i ó n

El folio en blanco me juzga.
¿Y si el peor de mis miedos
es el más real de mis demonios?

Juego a ser D-503.
Quizá también han extirpado mi fantasía
y solo soy una marioneta más
nutriendo la masa uniforme
que engorda sus sillones.

Y yo que quería cambiarlo todo…

Juré incendiar mares con mis antorchas de azufre,
atrapar nubes en cubos de basura,
vomitar poemas en las esquinas,
romper los grilletes de mis semejantes enjaulados.

Prometí no ser otra oveja que pasta en migajas,
no arroparme con billetes manchados de sangre,
no dejar morir injusticias por silencios administrativos,
no ser otro ciego a causa de la ignorancia.

Pero el folio sigue en blanco,
el estatismo se extiende
y un juez emitirá la inevitable sentencia:

            COBARDE.

El folio sigue en blanco
a pesar de que ahondo en los sueños
que habitaron este bosque de ceniza.

Busco.
No encuentro la causa.

Continúo.
No encuentro el modo.

De repente el bolígrafo se desliza
y corrompe la pureza del lienzo,
pero solo soy capaz de reproducir su sentencia,
de buscar mi condena,
de imponerme como meta un imposible.

¿Quién coño me nombró Sísifo?
“Tú misma” ,
responde el eco vacío que habita en mi pecho.

La (no) inspiración

Una ruptura. La última cerveza. Una primera cita. La ligereza que te proporcionan unos pocos miligramos de benzodiacepinas. Realidad. Evasión. La herida que nunca dejará de sangrar. Los golpes que nunca te has perdonado.

Amanece. Atardece. Cae la noche. Empieza de nuevo a girar la rueda del azar y tú sigues siendo un hámster atrapado y perdido. Quizá mañana no caiga el telón y se abra la jaula. Quizá mañana te saldrán las alas. La incertidumbre. La certeza. Un padre que grita. El niño de los vecinos llora de nuevo. Amor. Sangre. El sabor del miedo.

¿Y si me limito a escribir sin ningún sentido? ¿Y si ahondo en mi caja de Pandora y extraigo la causa concreta que originó este caos? Nada, mejor cuelgo la pluma y dejo el folio en blanco mientras sigo esperando a que llegue la musa con el eco que resuene. Sí, mejor dejo la pluma.

Qué triste, joder. Tantas cosas y una sigue sin inspirarse. ¿Será que ha vuelto apatía?

Léelo antes de que lo borre

La jaula se ha vuelto pájaro, Alejandra.
El cautiverio ahora es un buitre
que picotea en mis sienes

He vuelto a jugar con la muerte.
Me ha ofrecido paz sin darme un cuándo.
Me ha abrigado el frío de su guadaña
a cambio de dos tiradas en la ruleta.

¿Qué pasa si apostamos todo al rojo?
¿Quién vendría a llorar hasta mi tumba?

Ella se ríe en mi vientre y me susurra:

te lo dije

te lo dije

te lo dije

Ella se ríe en mi vientre
mientras espera para devorar mis entrañas putrefactas.
El suelo se abre bajo mis pies
y me veo a mí misma intentar salir volando
como si no me supiera encadenada en el reproche.

Yo solo quería que mi corazón estallase en el mármol
antes de que el quizá de mi cabeza rozase este mundo.
¿Fue antes la paranoia o la traición?
El caso es que se ha hecho tarde
y decidiste dejar caer el telón.

¿Te da miedo dormir sola cada noche?

te
lo
di
je