Vamos a contar mentiras

No puedo culparte
por haber soltado mi mano
al borde del precipicio:
fui yo quien creyó adivinar un sí
en el contorno de un imposible.

Repté por sábanas que no eran de nadie,
jugué a columpiarme entre tus brazos
y yo misma me crucifiqué en tu pecho;

por eso ahora no sé cómo tapar
cada hueco vacío
en el que me asomo a buscar tus manos.

He sido huérfana de versos
por haberme negado a aceptar
que construí un oasis de cartón
… y no imaginas cuánto ha llovido
desde que empecé a nombrarte.

Pero no puedo culparte
por haber soltado mi mano
ni por elegir labios más sencillos.
No puedo culparte
por ignorar todo lo que habita
bajo ese miedo mal camuflado

porque yo también se cuánto duele
atrapar una certeza
y solo poder de ver
el golpe que la transformará en ceniza.

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